Ya pasa. Lo cierto es que mucho más de lo que pensamos. He trabajo en oficina con mujeres, y tengo cierta habilidad para que se olviden de que estoy ahí. Las conversaciones no se diferencian de una de cuñados en la barra del bar, la verdad.
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Hubo un experimento de unas feministas que tenían la teoría de que si empezaban a piropear a los hombres en la calle se sentirían cohibidos y les molestaría. Lo probaron, y resulta que los hombres se sintieron halagados con los piropos.
No, eso no es feminismo.
Pero, oye, vosotros (algunos)a lo vuestro.