La etiqueta «ciencia» está muy explotada por los publicistas, y los científicos, mientras reciban parte de tajada o aumente su prestigio, tampoco son muy éticos. Cuando la asociación del corazón pone su sello en unos yogures o los colegios de odontología ponen su imagen en la propaganda de cierto dentífrico, no está primando precisamente la rectitud.
Muchas personas hoy en día se consideran libres de superstición y totalmente racionales, pero compran cierto producto o servicio porque pone «avalado científicamente» (y si lees la letra pequeña, el estudio al que apelan es uno de 1994 hecho con 5 ratones).
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Tal y como hemos visto en los últimos años, las cosas ya no necesitan evidencia alguna que demuestre nada. Sólo hay que decir que eso es lo que tienes que hacer y punto.
Muchas personas hoy en día se consideran libres de superstición y totalmente racionales, pero compran cierto producto o servicio porque pone «avalado científicamente» (y si lees la letra pequeña, el estudio al que apelan es uno de 1994 hecho con 5 ratones).