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Se puede ser de izquierdas y no ser marxista. Se puede ser bakunista, por ejemplo. O, como socialdemócratas, se podría invocar a Lasalle o a Keynes. Sin embargo, como tú dices, la estética y el argumentario promedio son de índole marxista, subversiva, favorable a la beligerancia entre clases. Hablan de parar la ultraderecha, de transformar el mundo, de la lucha del Bien contra el Mal. Todo ello para luego participar activamente en el orden vigente, en el circo del consumo, las apariencias y las relaciones de poder y dominación. Es lo que tiene la posmodernidad, que considera sobrevalorada la coherencia.
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