Esperemos que al menos los caramelos llevasen droga. Si no esta sórdida historia no tendría sentido. Porque entendemos que los caramelos y el número te los dió después de que le pidieses tus regalos lameteándole los pulgares.
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PD: Aún recuerdo tu fetichismo de oque te huelan los pies limpios y sigo sintiendo grimilla...
Hijos de fruta!!!